Ayer en el Villa se celebró, por fin, el claustro de fin de curso y con ello (después de un imprevisto de última hora solventado hoy) empieza, de verdad, el verano y llegan las ansiadas vacaciones.
Se acabaron las carreras para no perder el tren en Atocha, se acabó subir las escaleras para ir a 1º de la ESO o a 3º, o cambiar de edificio a todo correr porque los de 2º estarían, seguro, liándola en los pasillos... Se acabaron las correcciones, los exámenes, las fotocopias, la ansiedad de no llegar a terminar el temario y los "hasta luego profe" en los pasillos...
Ha sido un año duro.
Mi año de prácticas en un instituto en el que quince profesores estábamos en la misma situación: el curso, la memoria, la memoria del curso, el señor Inspector visitándonos cada dos por tres y el "hasta que no me vea publicada como APTA no me quedo tranquila"...
Pero ha sido, sin lugar a dudas, un año genial a nivel humano y docente. Las comidas pantagruélicas antes del curso de prácticas, Lucas tirándonos gominolas en las ponencias, las reuniones improvisadas en la sala de profesores, las tostadas de aceite y tomate de Manoli en la cafetería.... y mis niñas, mis compañeras y amigas... ¿qué decir de esos viajes en tren y bus al instituto? ¿cuántas confesiones? ¿cuántos consejos? ¿cuántas risas? Sin duda lo que más voy a echar de menos es volver a pasear por los pasillos del Ies con "mis ángeles" al lado levantando envidias, filias y fobias...
Un apartado especial lo tienen mis alumnos. No voy a realizar una enumeración exhaustiva de la cantidad de mensajes, regalos y abrazos que he podido recibir en estas dos semanas de fin de curso. No quiero ser demasiado pedante. Pero sí me voy a permitir unas breves líneas de autoafirmación y autocomplacencia profesional y personal.
Me quedo con cada uno de vuestros gestos, vuestras sonrisas, vuestras lágrimas sinceras por la posibilidad de no vernos el año que viene, con cada una de vuestras palabras. Pero hay algo de lo que me enorgullezco sobre todo, algo en lo que habéis coincidido todos vosotros sin saberlo; mis alumnas de tutoría en sus correos, Sara y Sandra en ese vídeo que me hicisteis y que no puedo ver sin que se me salten las lágrimas... todos me agradecéis el que aparte de haberos sabido transmitir mi asignatura os haya enseñado a ser mejores personas, a aceptaros como sois y a aceptar y respetar a los demás... y eso es más importante que cualquier poeta o que cualquier análisis sintáctico... GRACIAS A VOSOTROS. Por todo.
Un año académico se cierra. El año que viene no sé dónde estaré ni qué alumnos me recibirán, ni cómo me recibirán... pero ahora tengo dos meses por delante, dos meses para descansar, para viajar, para recopilar experiencias, recuerdos e imprimir en la memoria y en el alma nuevas fotografías vitales.
El verano siempre es para mí un momento catártico, renovador, el del año pasado lo fue. Este me llevará a Cádiz, a Amsterdam y tendrá probables escapadas de fin de semana a Valencia que culminarán, para empezar bien el curso, con una última huída a Ibiza... Y dónde surja... A disfrutar.
Se acabaron las carreras para no perder el tren en Atocha, se acabó subir las escaleras para ir a 1º de la ESO o a 3º, o cambiar de edificio a todo correr porque los de 2º estarían, seguro, liándola en los pasillos... Se acabaron las correcciones, los exámenes, las fotocopias, la ansiedad de no llegar a terminar el temario y los "hasta luego profe" en los pasillos...
Ha sido un año duro.
Mi año de prácticas en un instituto en el que quince profesores estábamos en la misma situación: el curso, la memoria, la memoria del curso, el señor Inspector visitándonos cada dos por tres y el "hasta que no me vea publicada como APTA no me quedo tranquila"...
Pero ha sido, sin lugar a dudas, un año genial a nivel humano y docente. Las comidas pantagruélicas antes del curso de prácticas, Lucas tirándonos gominolas en las ponencias, las reuniones improvisadas en la sala de profesores, las tostadas de aceite y tomate de Manoli en la cafetería.... y mis niñas, mis compañeras y amigas... ¿qué decir de esos viajes en tren y bus al instituto? ¿cuántas confesiones? ¿cuántos consejos? ¿cuántas risas? Sin duda lo que más voy a echar de menos es volver a pasear por los pasillos del Ies con "mis ángeles" al lado levantando envidias, filias y fobias...
Un apartado especial lo tienen mis alumnos. No voy a realizar una enumeración exhaustiva de la cantidad de mensajes, regalos y abrazos que he podido recibir en estas dos semanas de fin de curso. No quiero ser demasiado pedante. Pero sí me voy a permitir unas breves líneas de autoafirmación y autocomplacencia profesional y personal.
Me quedo con cada uno de vuestros gestos, vuestras sonrisas, vuestras lágrimas sinceras por la posibilidad de no vernos el año que viene, con cada una de vuestras palabras. Pero hay algo de lo que me enorgullezco sobre todo, algo en lo que habéis coincidido todos vosotros sin saberlo; mis alumnas de tutoría en sus correos, Sara y Sandra en ese vídeo que me hicisteis y que no puedo ver sin que se me salten las lágrimas... todos me agradecéis el que aparte de haberos sabido transmitir mi asignatura os haya enseñado a ser mejores personas, a aceptaros como sois y a aceptar y respetar a los demás... y eso es más importante que cualquier poeta o que cualquier análisis sintáctico... GRACIAS A VOSOTROS. Por todo.
Un año académico se cierra. El año que viene no sé dónde estaré ni qué alumnos me recibirán, ni cómo me recibirán... pero ahora tengo dos meses por delante, dos meses para descansar, para viajar, para recopilar experiencias, recuerdos e imprimir en la memoria y en el alma nuevas fotografías vitales.
El verano siempre es para mí un momento catártico, renovador, el del año pasado lo fue. Este me llevará a Cádiz, a Amsterdam y tendrá probables escapadas de fin de semana a Valencia que culminarán, para empezar bien el curso, con una última huída a Ibiza... Y dónde surja... A disfrutar.
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.... El ramo resiste chicos :=)
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