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02 enero 2009

Balances y propósitos

Leyendo los post de algunas de las otras naves que abordo habitualmente veo que el tono, continente y contenido que abunda estos días gira en torno a todo lo que tiene que ver con los propósitos para el nuevo año y el balance sobre el anterior... algo normal en la condición humana esto de hacer saldo con uno mismo y promesas y propósitos que nos procuren un poco más de felicidad en los meses que se encaminan...
En mi caso además se suma el hecho de que en escasos 22 días es mi cumpleaños, para mí mi verdadero comienzo del año, así que el balance, las cuentas y el saldo final (positivo o negativo) de todo este torbellino que es la vida es personalmente doble.
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No voy a extenderme demasiado, creo que "los ajustes de cuentas" son "personales e intransferibles", así que ese trabajo interno lo realizaré con la verdadera interesada de todo este asunto, yo misma, pero sí comparto un esbozo de las primeras conclusiones:
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- Profesionalmente: el saldo es más que positivo. Como ya sabéis... ¡aprobé las oposiciones este verano! Sin duda sólo con eso, por todo el esfuerzo, el trabajo y el estudio realizado durante tres años durísimos debería estar satisfecha, pero es que además disfruto como una enana en el Instituto en el que doy clases, aunque a veces me queje de mis alumnos y aunque este año no dé a cursos superiores. Si le sumamos a esto el hecho de que me encantan mis compañeros de trabajo, que me río, comparto y convivo con gente extraordinaria, que esté donde esté el año que viene me llevo ya a dos buenas amigas.... la nota final es sobresaliente alto.
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- Personalmente como suele ser habitual en mí las cosas son mucho más complicadas, difusas, revueltas... No me puedo quejar de mis amigos. Eso jamás. Sé quienes son y que siempre estarán ahí para lo que necesite, cuando lo necesite, haga lo que haga... y saber eso hace que todo sea mucho más sencillo. Además ha entrado gente nueva en mi vida que espero que permanezca de una o de otra forma y he sido capaz de llamar "amigo" a personas que pensé estaban condenadas a desaparecer en el olvido...
¿Y mi corazón? Pues ahí anda, como dice Fito, "mi pobre corazón que está cansado ya de penas siempre que me duele me lo llevo de berbena"... (pincha en el extracto para oírla) o como decían los Rodríguez , "me gustan los problemas, no existe otra explicación" (pincha en el extracto para oírla). Probablemente sea una conjura de los astros... o que simple y llanamente no ha aparecido la persona adecuada. Y ya está.
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Así que, para los propósitos del nuevo año voy a centrarme en unos cuantos que sean abarcables, nada de promesas absurdas que no se van a cumplir:
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- Conseguir mi nombramiento de funcionaria en abril.
- Seguir disfrutando de mi trabajo y de mis compañeros.
- Coger el coche que se me va a olvidar conducir a este paso.
- ¿Comprarme un coche? (depende del cumplimiento del anterior propósito).
- Leer más, no sólo los libros de lectura de mis alumnos.
- Hacer mínimo un par de viajes al extranjero en este año. (Helsinki en Semana Santa casi seguro, sólo me falta otro) .
- Y disfrutar de la vida. Hacer las cosas para sentirme bien y no para machacarme después por ello. No dramatizar, ser menos visceral y más racional, hacer que mis carencias o defectos no se vuelvan en mi contra, aprender de mis errores para no volver a cometerlos, ser menos dura conmigo misma que soy mi peor verdugo y castigo... ¿lo conseguiré algún día? Qué duro es el trabajo para con uno...
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En cualquier caso, empecemos el año llenos de buenos propósitos y energía positiva, que al menos podamos decir que lo intentamos... FELIZ 2009.
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05 julio 2008

"El sexo que sucede"



Anoche fui a ver "El sexo que sucede" en la sala DT, de la compañía Armando no me llama, una obra escrita y dirigida por mi amigo y compañero de profesión Fernando J. López. Y me encantó.

La puesta en escena, pretendidamente desnuda (una habitación negra dividida en dos espacios y como único mobiliario sillas, fondo musical tangero y de Madame Butterfly como elemento simbólico) nos obliga a prestar atención únicamente a lo que se nos presenta sobre las tablas, a implicarnos emocionalmente en lo que se nos narra: la historia de dos mujeres. Dos voces femeninas: Ruth y Eva. Con toda la carga semántica que implica el origen bíblico de sus nombres.
Ambas, amigas, en un duelo dialéctico constante, asumen y se desdoblan en aquellos que han compartido sus vidas y sus camas, y nos cuentan lo que desean, lo que sueñan y lo que se les niega.
Dos identidades que se desnudan ante nosotros sin pudor, hablándonos de su momento presente. Relaciones "exprés" al ritmo de la vida actual, de consumo rápido, intrascendentes y vacías, o "pretendidamente" estables pero que tampoco llenan. La insatisfacción, el deseo, el morbo y la incomunicación por la que hombres y mujeres en muchas ocasiones no llegan a un entendimiento. Diferentes expectativas. Diferentes opciones vitales.

He de confesar que mientras la veía, en ocasiones, no podía sino sonreír (además de porque la obra tiene grandes momentos llenos de ironía). Pero era una sonrisa ácida, de reconocimiento, de "voy a reírme un poco de mí misma", porque no podía evitar sentirme identificada, no con ninguna de las protagonistas de forma plena, pero sí con determinadas circunstancias. Supongo que como muchas de las que nos encontrábamos allí, cada una con "su escena", y supongo que también ayudó el estar pasando precisamente por uno de "esos momentos"... Y es que podría decir que, casualmente, hace cinco días me rompieron el corazón... sin embargo no sería cierto, no sería exacto. Demasiado "dramático".
Sí lo sentí en el instante en el que todo se derrumbó, cuando sólo quedó la realidad, como un bofetada, la única maldita manera en la que aprendo. O en esos instantes (qué patética...) en los que intentaba salvar algún resto del naufragio (¿salvar el qué?), a pesar de toda la información que estaba recibiendo. También lo sentí durante todo el día siguiente, mezclado con rabia, indignación, impotencia y tristeza...
No, hace cinco días no me rompieron el corazón. Hace cinco días me decepcionaron profundamente. Como a Ruth. Y eso es peor. Tener que "bajar" a alguien del pequeño pedestal de valores en el que lo habías colocado. Y me dan igual los "preavisos" y la sinceridad entendida como un barrera con la que pretender ser excusado de todo. Yo me entiendo y con eso basta.

La obra tiene mucho de esto, de desengaños, de rupturas, de incomunicación... comprendida de distinta forma por cada una de sus protagonistas. (Y volvemos a las tablas). Eva (la primera mujer) con una pareja abierta, viviendo su sexualidad de forma plena y sin tapujos, pero que le lleva inevitablemente a romper con esta relación. Y Ruth (la resignación, la aceptación), que tendrá que aprender a quererse y a aceptarse. A renacer. A ser.

La obra termina, sin embargo, de forma esperanzadora. Eva, apostando por una relación por primera vez (pero -curiosamente- con otra mujer) y Ruth decidiendo sobre su vida y su sexualidad, iniciando también una historia, con un hombre, con el que no comparte nada pero que la escucha y que le hace el amor de la forma en la que siempre quiso.

Como dije al principio disfruté muchísimo ayer y recomiendo el libreto (está publicado). Es un texto sobre mujeres y fundamentalmente para mujeres, pero también para hombres con cierta capacidad de empatía (que los hay y no sólo son gays) y que trata de problemas y situaciones que todos vivimos día a día.

De este hecho, de "el por qué" sólo dos féminas en escena sin réplica real masculina, hablamos a la salida del teatro con el autor, compartiendo unas cañitas.

Fernando fue muy directo. "Porque me interesáis infinitamente más que los hombres. Vuestra complejidad emocional, vuestros deseos, vuestras ganas, cómo os la jugáis por alguien cuando pensáis que vale la pena... vuestra sensibilidad, que os hace en ocasiones tremendamente vulnerables pero maravillosamente fuertes..."

Y mientras él hablaba, no pude evitar acordarme de una frase de Ray Loriga : "Cualquier imbécil puede hacer daño a una mujer, pero sólo un hombre grande puede llevársela para siempre".