16 mayo 2008

Balance

Siempre he sentido la necesidad de escribir. Siempre. De más jovencita alternando las confesiones del diario (que todos alguna vez tuvimos en la adolescencia) con pequeñas novelas cortas o simplemente escenas dispuestas a integrarse en historias más largas que muchas veces no se completaron nunca. Ahora hace mucho tiempo que no hago ninguna de estas cosas. La maldita falta de tiempo, supongo. Lo retomaré, seguro, junto con la pintura. La cuestión del diario es más complicada, se convertiría casi en un "mesario", sin embargo creo que es algo terapéutico. Ayuda. Cuando escribes lo que sientes y te obligas a ponerte delante del papel (o del teclado) no caben las mentiras. Estás tú solo frente a tus demonios. La sinceridad más terrible y necesaria que es la sinceridad con uno mismo. Esto sí lo sigo haciendo. Cuando siento que voy a estallar, si tengo tiempo, intento escribir sobre lo que tengo dentro, "vomitarlo", analizarlo y sacar conclusiones, y después releer "el acta del conflicto". Parece una tontería pero es profundamente revelador y catalizador.

El blog casi tiene la misma función de un diario, nos permite transmitir en la medida que queramos una parte de nosotros. Sé que lo tengo abandonado en cuanto a diseño y los post salen con cuenta-gotas, pero como he dicho es una cuestión de falta vital de horas al día. En cuanto tenga tiempo para ponerme frente al ordenador sin remordimientos pondré en práctica los útiles consejos de Kialaya (a la que le agradezco desde aquí su ayuda, no ha caído en saco roto...) y reformaré el diseño y contenido.

Este post, que probablemente sea el último hasta las oposiciones, tiene algo de cierre de ciclo y comienzo de otro. Un ciclo marcado inevitablemente por el próximo examen de junio. Mis oposiciones son para el Cuerpo de Profesores de Educación Secundaria y son cada dos años. Justamente ahora va a hacer dos años desde la primera vez que me presenté. La preparación del examen en un momento y en otro ha sido totalmente distinta.

En la anterior ocasión mi vida se centró exclusivamente en la prueba (academia-casa-estudio). Fue un año duro y el encierro una locura que en el fondo encerraba un reto. Necesitaba demostrarme ciertas cosas, así que aquello se convirtió casi en una prueba de recuperación de la confianza. En cualquier caso fue un año de soledad y reencuentro.Yo necesito esos momentos y quienes me conocen lo saben y lo respetan. Valoro de una forma celosa mi espacio y sólo cuando he masticado y digerido las cosas las comparto, pero primero necesitan pasar por mi tamiz.

Aprobé el examen, aunque sin plaza, y a pesar de que fue un golpe duro, los momentos que he vivido desde que entré de interina han traído un saldo muy positivo.

Mi primer año de "profe" en serio, a pie de aula fue una deliciosa locura. De golpe y sin ninguna experiencia más que la de las clases particulares, me encuentro con que, además de dar clase a tres niveles distintos, soy tutora de 1º de Bachillerato. No creí poder con ello y al principio reconozco que me desbordó. Pero pude con ello, claro que sí. Siempre me crezco ante las dificultades. Me costó hacerme con los alumnos (profe nueva-chica-joven) pero lo logré. Sufrí, lloré y disfruté como una niña. No hay nada más gratificante en esta profesión que el que una alumna se acerque y te diga que gracias a ti entiende por fin la lengua o que disfruta de la literatura. Me encanta lo que enseño e intento ponerle pasión, como todo lo que hago en la vida.

"El lenguaje es poder, la literatura es amor y la poesía es el alimento del alma".

Para mi esa frase encierra todo lo que intento transmitir en clase. A veces llega, otras no.
Que además el Jefe de Estudios y el Director de los distintos institutos por los que he pasado te feliciten personalmente por tu trabajo es un baño de orgullo.

Ese año además, por "complot de mis tutorandas" Anita y Rocío, fui la encargada junto con otro profesor de organizar el viaje de intercambio que todos los años realizaba el instituto con uno en Suecia, concretamente en una pequeña ciudad llamada Umea. Fue una experiencia increible. No sólo a nivel académico (nos llevan siglos, en la misma línea que los finlandeses de los que hablaba en un post anterior) sino a nivel humano. La convivencia con los alumnos suecos-españoles, los profesores y toda la gente maravillosa que conocí allí me marcó para siempre. ¿Un momento y una persona? Lo tengo claro.

De izquierda a derecha: Bror, Goran, yo, Bierre y Jose. Los "profes".

Un momento: de vuelta de las cabañas en la nieve (porque estuvimos tres días en los Alpes escandinavos, en Borgafjäll) cruzando la montaña con las motos, Goran (el profe-conductor de la moto de nieve) paró en mitad de la nada para que viéramos una aurora boreal. No la llegamos a ver pero el espectáculo aun así fue grandioso. La noche más repleta de estrellas en el silencio más absoluto. Creo que podía oír mi corazón. Tanta belleza mareaba, casi como el síndrome de Stendhal.

Una persona de aquella experiencia: Goran. Uno de los hombres más increibles, interesantes e inteligentes que he conocido en mi vida. Con un enorme conocimiento del mundo, él me animó a que fuera yo sola a Inglaterra. Y ahí que me fui en verano, donde conocí también a gente extraordinaria, otro reto.



Desde la izquierda: yo, Moni, Paolo, Ralph y Sara


Este año no he podido viajar nada porque debía estudiar, pero aun así ha sido un buen año. Dos institutos en los que he estado muy cómoda, aunque radicalmente distintos. El primero con algunos alumnos conflictivos muy problemáticos pero con una plantilla de profesores jóvenes que actuábamos en piña. El segundo, en el que terminaré el curso, un bálsamo de aceite. Realmente estoy disfrutando dando clase. Es una gozada. Me toman por mucho más joven de lo que soy (lo que a veces es malo aunque sea halagador...) pero tengo una relación de respeto, complicidad y empatía total con mis alumnos, y estoy encantada. Ya tendré tiempo para desilusionarme de la educación y de tener malas experiencias, que, como las "bruxas" haberlas las hay...

Lo bueno de trabajar es que tienes una vida mucho más rica. Lo malo es el poco tiempo y las pocas ganas que te quedan para estudiar. Aun así, ha sido este también un buen año. Con momentos duros a nivel personal y familiar, pero con gente maravillosa que ha ido entrando en mi pequeño universo. Unos se quedarán, otros seguirán su camino, la vida es así...


En cualquier caso: balance más que positivo. Quién me lo iba a decir hace unos años... lo que hace quitarse "lastres" que te estancan... Tengo tantas cosas por hacer y por cerrar que asusta, no sé si conseguiré la plaza o no esta convocatoria, en cualquier caso, y mentando otra vez a Walth Withman:


"No abandones las ansias de hacer de tu vida algo
extraordinario.
No dejes de creer que las palabras
y las poesías sí
pueden
cambiar el mundo."



02 mayo 2008

El lado oscuro del corazón

Ayer vi esta película: "El lado oscuro del corazón" de Eliseo Subiela. La tenía grabada desde hacía tiempo, reservada para un momento de soledad en el que poder empaparme de ella. Pero fui retrasando su visionado hasta dejarla casi en el olvido. Supongo que porque, además de por falta de tiempo, tenía muchas expectativas puestas en ella, y yo, en el tema de las expectativas, casi siempre salgo defraudada. Pero, por casualidades de la vida (que es como surgen las mejores cosas, cuando te "asaltan" por sorpresa), la película volvió a mí a raíz de un texto que comentamos en la academia, porque, daba la casualidad, de que al profesor en cuestión le encanta este filme. El texto es de Oliverio Girondo, y de hecho es la forma magistral que tiene el director de comenzar su cinta:

"No sé, me importa un pito que las mujeres /tengan los senos como magnolias o como pasas de higo;/ un cutis de durazno o de papel de lija./ Le doy una importancia igual a cero, /al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco/ o con un aliento insecticida./ Soy perfectamente capaz de sorportarles /una nariz que sacaría el primer premio/ en una exposición de zanahorias;/¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono,/ bajo ningún pretexto, que no sepan volar./ Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme! /
(...)
Después de conocer una mujer etérea,/ ¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre?/¿Verdad que no hay diferencia sustancial /entre vivir con una vaca o con una mujer/ que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?/ Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender/ la seducción de una mujer pedestre,/ y por más empeño que ponga en concebirlo,/ no me es posible ni tan siquiera imaginar/ que pueda hacerse el amor más que volando".

Este tampoco es el poema completo, sólo es una selección del mismo, pero el texto es fundamental para entender lo que vamos a ver los 119 minutos siguientes, porque el protagonista, que curiosamente también se llama Oliverio, pasará toda la cinta buscando "a la que vuela".
Así, este poeta bohemio y alejado de cualquier atadura social, recorrerá Buenos Aires buscando a esta mujer "volátil" mientras es acosado por la Muerte, otra fémina con la que mantendrá una curiosa relación, con la que habla, come, e insulta ("muerte puta, muerte inexorable..."). La Muerte no intenta llevárselo, no, todavía no es su turno, lo que intenta es convencer a Oliverio de que se integre en la sociedad y deje la vida que lleva. Así, con un periódico en la mano abierto por la sección de "ofertas de empleo" y (eso sí), vestida de un negro riguroso, como en una de las mejores escenas del realismo mágico, le insta a que busque un "trabajo real": "¿dónde pone aquí: se buscan poetas?" a lo que Oliverio siempre responde lo mismo: Yo no quiero esos trabajos: soy poeta.
C
Al margen de consideraciones críticas de si es factible, o al menos maduro, llevar el tipo de vida que defiende el protagonista, lo que sí creo que es incuestionable (y en esto soy "I-RRE-DUC-TI-BLE") es que hay que vivir la vida con pasión. Hagas lo que hagas, vivas como vivas, seas quien seas... pero con pasión. Como decía Walt Whitman: "Disfruta del pánico que te provoca/tener la vida por delante./Vívela intensamente, sin mediocridad".
Caminar por el mundo a dos palmitos del suelo, lejos de los convencionalismos, de la abulia, de la apatía, de la vulgaridad... Ser seres únicos, como lo somos cada uno de nosotros. ¿Y cual es la vía que le hace posible al protagonista alejarse de la mediocridad? Una mujer, pero no una cualquiera, una que le haga volar. Compartir la vida con alguien que le lleve más allá de la realidad cotidiana, que le haga pasar al otro lado. La vida plena a través del amor. Por eso busca Oliverio a "la que vuela", y aunque se equivoca una y otra vez no ceja en su empeño. Porque hay que intentarlo. Siempre. Aunque duela. Las personas aparecen en tu vida por un motivo, y de todas se extrae una enseñanza. Todas tienen una misión para contigo. Aunque no se queden y salgas herido. Porque, como le reclama el protagonista a la Muerte cuando ella le pregunta si le gusta sufrir: "Mejor herido que dormido. (...) A veces una herida te recuerda que estás vivo. Es esto el amor, mi estúpida muerte, es esto, cómo explicártelo, pobrecita, si entendieras esto estarías viva".
C
La película termina de la misma forma que empieza, haciendo referencia al texto de Girondo. Esta vez en labios de una mujer, que antes de que Oliverio siga hablando le corta y le dice: "Te quiero aclarar de entrada: soy capaz de perdonar muchas cosas, pero hay en una en que soy irreductible, no le perdono a un hombre, bajo ningún pretexto, que no sepa volar, si no sabe volar, pierde el tiempo conmigo." Finalmente, el círculo se cierra...
cc
No sé... bueno, sí lo sé. Soy una romántica sin remedio y ahí estoy del todo con el protagonista. No sé "no sentir", ni puedo estar con nadie que no me haga "elevarme unos centímetros de la realidad", que no me haga soñar. Soy visceral (aunque no irracional) y creo que en el momento en que deje de hacer las cosas con pasión e ilusión tendré que pararme a hacer balance, porque algo andará mal.


Valoración final: Una obra maestra. Poesía pura en la que no sólo hay textos de Girondo sino de Juan Gelman y de mi adorado Benedetti (que además aparece en la película) insertos en el momento preciso. Un ejercicio de lirismo y buen hacer en el cine. Sin duda se ha ganado un huequito en mi corazón, en el lado oscuro o en el lumínico, en el que quiera.